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    La Fuente de la Flora se ubica al inicio del Parque Duque de Osuna en recuerdo de la de los Cuatro Caños de 1858.
    Después de más de siglo y medio de historia, el bello y frondoso Parque Duque de Osuna sigue siendo el gran salón de estar y de encuentro de todos los riosecanos

    Un pequeño oasis en el desértico campo ilimitado», es como a mediados del siglo XX definía al popular Parque Duque de Osuna de Medina de Rioseco el magistrado del Tribunal Supremo y miembro de la Academia de Bellas Artes, Francisco Casas y Ruiz del Árbol, en su bello libro La Medina de los Campos Góticos. Un lugar que cada día se convierte en el maravilloso salón de estar de todos los riosecanos, y que este año ha cumplido 154 años.

    El Parque Duque de Osuna se halla situado en los antiguos términos del palacio que, al finalizar el siglo XV, mandó construir Fadrique Enríquez, cuarto Almirante de Castilla, lo que hace pensar que su origen esté en los jardines que adornaron a este palacio. A mediados del siglo XIX, se encontraba en un estado de total abandono que en 1857 se proyecta recuperar los jardines que en ese momento pertenecían al duque de Osuna, llevándose a cabo un «expediente de utilidad y necesidad» para hacer realidad su compra a cambio del pago de un foro anual de 500 reales y de que ese espacio llevase su nombre.
    La obra más importantes que se proyecta en el jardín es la Fuente de los Cuatro Caños,  adecentándose también el espacio arbolado y ajardinándolo adecuadamente.  El 29 de junio de 1858 se inauguraba la fuente.

    Ya durante el siglo XX, los domingos, desde Resurrección hasta la fiesta de la Virgen de Castilviejo en septiembre, se hacía baile al son de las añoradas músicas del maestro Pablito, que con sus músicos subidos en el templete inundaban el parque de alegría.

    El parque se une con el paseo del Boulevard en el que nos encontramos con una máquina del nostálgico tren burra, que contrasta con la modernidad de la escultura abstracta de Jesús Capa. A pocos metros un monolito se levanta en recuerdo del conquistador riosecano Juan Jufré. El antiguo templete de madera ha sido sustituido por otro de ladrillo y se ha instalado la Fuente de la Flora, que, realizada en piedra por el escultor riosecano Miguel Ángel Jiménez, recuerda a aquella de los Cuatro Caños.

    Día tras día, los jubilados y ancianos de la cercana Residencia Santa Ana pasean por las mañanas con la tranquilidad que les da los años vividos. Después del colegio, el parque se llena de las risas de los niños y las niñas, mientras no falta quien se tome una cerveza en el cercano Chalet. Cuando anochece, algunas parejas buscan los bancos más apartados de un parque que es invadido por el silencio y las sombras que le dan todo el aspecto de espacio decimonónico.

    Un lugar de gran tranquilidad donde poder sentarse en uno de los bancos de las calles laterales, cerrar los ojos y soñar en medio de la fragancia de los árboles, las plantas y las flores con aventuras en lejanos mares desconocidos o extraños viajes a planetas sin descubrir. En definitiva, un parque para soñar, también para vivir.

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