Medina de Rioseco es una localidad situada en pleno corazón de Tierra de Campos. Bajo los títulos de Muy Noble y Muy Leal, así como de Ciudad, discurre una población cuyos vestigios más primitivos corresponden a la edad de Hierro y la época celtibérica. Tierra de colonización del Reino Astur-leonés y paso de mozárabes.

Los Almirantes de Castilla: esplendor riosecano

La ciudad riosecana alcanza su esplendor a partir del siglo XV con los Almirantes de Castilla. En 1423 Juan II de Castilla concede el señorío de Medina de Rioseco a Don Alonso Enríquez, nombrado años atrás Almirante Mayor de Castilla.  Bajo el señorío del segundo almirante D. Fadrique Enriquez, la ciudad celebra una Feria anual, que hará crecer a la villa económica y culturalmente. Es en siglo XVI cuando Medina de Rioseco vive su mayor auge, con la construcción de los cuatro grandes templos riosecanos (Iglesia de Santa María de Mediavilla, Iglesia de Santa Cruz, Iglesia de San Francisco e Iglesia de Santiago Apóstol) nacen las cofradías penitenciales, se construyen hospitales, corrales de comedia y su feria se convierte en una de las más importantes del reino tras Medina del Campo.

Siglo XIX: guerra y reconversión económica

En el s. XIX, la Muy Noble Ciudad vive dos hechos muy significativos.

El 14 de julio de 1808 se sucedió la conocida Batalla de Rioseco o Batalla del Moclín, las tropas francesas derrotan a los ejércitos españoles de Castilla y Galicia, siendo esta victoria un paso fundamental para Napoleón en La Guerra de la Independencia, así como un empujón definitorio en la ascensión al trono de José Bonaparte, hermano de Napoleón.  

En 1849 el ramal del canal de Castilla correspondiente al Canal de Campos llega a Rioseco. Este hecho propició una gran actividad económica con las nuevas fábricas de harinas, fundiciones siderúrgicas y molinos de papel. Además impulsó el transporte y el regadío, desplazando a un segundo plano la actividad comercial tradicional.  Finalmente, el uso del ferrocarril vino a sustituir al Canal de Castilla.

Arquitectura

Además de las cuatro grandes construcciones religiosas que hacen de Medina de Rioseco un enclave artístico singular existen otras construcciones que completan el esplendor cultural y artístico de la villa.

En el siglo XVI se erige la Ermita de Castilviejo, ubicada en el camino del mismo nombre. En este siglo asimismo se inicia la construcción de San Pedro Mártir, Iglesia del convento de la Orden de los Predicadores que se finalizará en el XVII. Es en este siglo, además, cuando se levanta el Convento de San José, conocido como de las Carmelitas.

Especialmente distintivo de la ciudad es su arquitectura, enmarcada en una antigua muralla medieval que constaba de ocho puertas de acceso a la villa y que en la actualidad se reducen a tres: la Puerta de Zamora, la Puerta de Ajújar y la Puerta de San Sebastián. El único vestigio de arquitectura militar que se conoce era un castillo del que no queda hoy ningún resto, ya que sus piedras fueron utilizadas en la construcción de edificios civiles y religiosos.

La arquitectura popular de Tierra de Campos está presente en sus calles, viviendas que se conservan aún de ladrillos de adobe y vigas de madera, con pisos volados sobre canecillos mudéjares. Algunas viviendas pertenecientes a familias nobles poseían sillares de piedra y blasones. Se pueden apreciar hoy en día los soportales de las viviendas y establecimientos comerciales, el mejor conservado es el que recorre el pueblo por su calle Mayor.

Otras construcciones significativas las encontramos en la Fábrica de Harinas San Antonio, inactiva desde 1991; la antigua Alhóndiga municipal del s.XVI destinada al depósito de trigo; las fuentes públicas, cuya construcción inicial data del s. XIX, a excepción de la Fuente de San Sebastián del s.XVI.

Semana Santa

El acontecimiento cultural más importante de Medina de Rioseco gira en torno a la Semana Santa, un conjunto de procesiones y actos en los que la calidad de las imágenes y la tradición centenaria transmitida de padres a hijos hacen de este acto una visita obligada a turistas y curiosos. Declarada de Fiesta de Interés Turístico Internacional, devuelve a la ciudad el esplendor de siglos pasados.